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En definitiva, en el caso de registros en los que los asientos gozan entre sus efectos el de la fe pública registral, la propiedad resulta indiscutible y gracias a ello no se inician pleitos en materia inmobiliaria. Al no tener que preocuparse los ciudadanos de asegurar sus titularidades inmobiliarias (ya que el registrador ejecuta esta tarea) pueden destinar sus recursos a otras actividades, con lo que el crecimiento económico resulta exponencial.